MODOS DE INTERVENCIÓN ANTE LO TRAUMÁTICO

Magdalena Lema[1]

 Silvia Tejería[2]

 

“Para el psicoanálisis
lo esencial no es la génesis,
sino el vínculo con un objeto”
(Sigmund Freud)

 

Para abordar el tema que se nos plantea en esta mesa Los Limtes Entre La Realidad Y La Fantasia: Concepciones Teóricas, vamos a tomar una de las tantas perspectivas teóricas posibles, poniendo énfasis en la concepción traumática de la constitución psíquica desarrollada por Bleichmar, quien continúa y profundiza lo planteado por Laplanche.

En esta línea, consideramos que el concepto de “trauma”, casi como ningún otro en el Psicoanálisis, plantea el problema de la articulación entre la realidad y la fantasía, entre el mundo interno y el mundo externo. Su estatuto y su comprensión, a lo largo de la historia de nuestra disciplina y de las diferentes líneas teóricas, dan cuenta de modos diversos de concebir el psiquismo, o “el aparato psíquico” y por lo tanto, da lugar también, a diferentes modos de concebir la intervención en el campo de la cura.

Las ideas que consideraremos, surgen de reflexiones compartidas en el marco de un seminario de formación que coordinamos[3], y que se centra en el pensamiento de Bleichmar. Es desde allí que entendimos que la temática de la mesa, se vinculaba estrechamente con los aportes de esta autora, en la medida que su conceptualización y su clínica con respecto a lo traumático, abren nuevas posibilidades de escucha y de intervención.

Se nos hace necesario plantear, a modo de introducción, dos presupuestos conceptuales básicos:

I

En primer lugar, diremos que el tema que nos convoca, está unido al nacimiento y al desarrollo del psicoanálisis. Desde el origen, seducción y traumatismo forman parte de las teorizaciones freudianas a partir de la clínica con pacientes histéricas que relataban haber sufrido pasivamente en la niñez la seducción prematura por parte de un adulto, generalmente el padre. A partir de su autoanálisis y de la interpretación de sus propios sueños, Freud parece abandonar esta primera teoría de la seducción que llevaba a rastrear la existencia fáctica de este tipo de traumatismos y, en Tres ensayos de una teoría sexual será la madre pre-edípica, la seductora.

La teoría de la seducción cobra entonces otra dimensión y las escenas reales serán entendidas por Freud, como construcciones, como fantasías producto del vínculo dual, de modo tal que, a partir de allí, la realidad y la fantasía se entrecruzan. En la actualidad diríamos, siguiendo a los psicoanalistas franceses de la segunda mitad del siglo veinte, que el fantasma, fruto de la relación intersubjetiva entre la cría humana y el adulto, deviene realidad psíquica.

En la situación de crianza se pondrán en juego los deseos y prohibiciones, así como los silencios y discursos del adulto que toma al niño a su cuidado. Laplanche va a teorizar sobre esa “situación antropológica fundamental” al referirse a la necesidad de la cría humana – en su desauxilio inicial – de un adulto que se ocupe del cuidado de la vida, y tome a su cargo los procesos de humanización. De esto se desprende el carácter estructurante que tiene para el ser humano la relación con el otro real. Nos hacemos eco de los planteos de Bleichmar, quien sostiene que la tópica psíquica se construye en el marco de la tópica intersubjetiva que el Edipo define con su estructura.

El ser humano llega a un mundo ya pautado por ciertas legalidades que van a determinar el modo como el adulto se emplaza frente al niño, desde una doble función: inscribir la sexualidad y, al mismo tiempo, pautar los límites de su apropiación del cuerpo del infans como lugar de goce.

Durante el largo período de dependencia infantil se va dando progresivamente la diferenciación yo–no yo, que tiene su momento privilegiado en la instalación de la represión originaria como metáfora fundante del inconsciente del niño.

En este proceso, el narcisismo del adulto opera ligando, uniendo y propiciando la unificación del yo. Bleichmar lo plantea en términos de “narcisismo trasvasante” del adulto, haciendo referencia con ello a un movimiento que inviste narcisísticamente al bebé, que ofrece una representación totalizante de la cría en el narcisismo yoico materno, y que propicia vías colaterales de ligazón de las excitaciones sobrantes. Este incipiente sistema de ligazones, es lo que dará lugar a la construcción del yo futuro.

II

En segundo lugar, pensamos lo traumático en la línea del rehúsamiento a la transcripción: toda vez que la reescritura posterior falta o falla, la excitación se transforma en traumática. Es decir, el exceso de excitación sin vías metabólicas disponibles, es capaz de romper el entramado psíquico.

Este principio general de cuño netamente freudiano, es retomado por Bleichmar en una perspectiva profunda y fecunda, que nos permite adentrarnos en la comprensión tanto de los eventuales episodios traumáticos de la vida, en la implicación de los microtraumatismos de la vida cotidiana, así como en algo mucho más general como lo es el significado de la constitución traumática del psiquismo.

Vamos a ubicarnos ante los diferentes conceptos que aludimos cuando hablamos de trauma.

Partiendo de la concepción traumática de las neurosis y de la teoría de la seducción generalizada planteada por Laplanche, Bleichmar desarrolla la idea de que la represión originaria, lejos de ser un presupuesto teórico necesario, tal como lo planteara Freud en los escritos de la metapsicología, es un movimiento real, que se va instalando gradualmente – en el mejor de los escenarios –, que tiene sus precursores, y que es un observable en la clínica de niños, en cuanto a sus modos de instalación. La teoría de la seducción generalizada como marco teórico, implica la idea de la implantación de mensajes enigmáticos desde al adulto hacia el infans, en tanto portador de un inconsciente sexual. Los mensajes enigmáticos, burlan las barreras de la represión del adulto y se cuelan como un plus de excitación que requiere de alguna forma de derivación. Se trata de los primeros movimientos de construcción de psiquismo, que son, en rigor, traumáticos. Traumáticos en tanto que algo de excitación sobrante no tiene posibilidades de ligazón ni de transcripción. Primeras estimulaciones que dan lugar a los objetos fuente de la pulsión, motor del devenir psíquico.

En este sentido es que Bleichmar diferencia lo que podríamos llamar un traumatismo estructurante, de aquellos otros traumatismos desestructurantes, que someten al psiquismo a un monto de excitación inderivable, a experiencias no metabolizables, a la imposibilidad de ligadura.

Frente a estas experiencias, el psiquismo puede funcionar bajo dos modalidades, que no son excluyente: al modo de lo originario y al modo de lo arcaico. La cadena de respuestas al modo de lo originario, implica todo el repertorio de formaciones sintomáticas, sobre las que es posible seguir una traza simbólica, en la medida en que la posibilidad de ligar se mantuvo, y, aún dentro de la patología, el sujeto encontró algún tipo de equilibrio.

Cuando en cambio, la respuesta es al modo de lo arcaico, nos encontramos con otro fenómeno, en el que la represión no organiza, y, más bien, las representaciones “avanzan” desconectadas o desligadas, sobre un yo que se siente inerme para manejarlas. No hay ligadura posible.

Se trata en este caso de los restos de lo real vivido, pero al modo de un material en bruto, desengarzado, que requiere de algo totalmente diverso de la interpretación simbólica. Supone ingresar en una clínica especial, que dé lugar a la escucha de aquellos “indicios” de lo real vivido, en la búsqueda de simbolizaciones de transición que aporten algún nivel incipiente de ligadura.

III

Se hace necesario adentrarnos en estas distinciones, para llegar a lo que queremos dejar planteado en torno a los modos de intervención ante lo traumático. Se trata de pensar sobre las posibilidades de intervención sin intromisión, de facilitar la elaboración más que la repetición, y de buscar en la profundidad de la escucha, restos, indicios, trazas, para ir ligando y engarzando paulatinamente, más que de sobresaturar de sentido a través de la interpretación simbólica.

Desde los inicios de su trabajo, cuando aún no había conceptualizado sobre el inconsciente, Freud comprendió los alcances de la catarsis como método terapéutico. Además, históricamente el Psicoanálisis ha privilegiado la palabra y la asociación libre, tendiendo a vincular el silencio del paciente a movimientos resistenciales.

Esta tradición clínica puede ser muy útil en aquellos casos en los que las situaciones traumáticas no afectaron la capacidad simbólica del paciente, y en los que por ello podemos pensar que algo de la represión originaria se mantiene organizando el psiquismo. De este modo la interpretación que el analista ofrece, abre posibilidades de elaboración.

Creemos que un fino diagnóstico de los efectos de lo traumático sobre el psiquismo es de gran relevancia, ya que es posible que la experiencia traumática haya afectado de tal manera al yo, que sus límites y su organización hayan estallado. En este caso, la interpretación simbólica no produce un efecto organizador, ya que no tiene cómo facilitar ligaduras.

Entonces, es necesario preguntarnos: ¿de qué modo se produjo el desarme de la malla psíquica?, ¿qué opera de la represión originaria?, ¿qué restos de posibilidades de simbolización existen?, ¿qué de lo real vivido insiste desarticulando y rompiendo?

Luego de un hecho traumático, el tener que hablar sobre lo ocurrido puede ser intolerable para el sujeto, mientras que guardar silencio, puede operar como un movimiento defensivo que permite encapsular el afecto. El sujeto se hace dueño de sus silencios, y controla activamente lo vivido pasivamente.

De este modo el callar o silenciar puede ser un intento de recomponer los diques psíquicos, de restablecer una envoltura psíquica, y de preservar a salvo aquellos objetos del yo que no fueron arrasados por los acontecimientos, y que puedan, eventualmente, constituirse en el núcleo de un futuro trabajo de recomposición psíquica.

Para ejemplificar lo que estamos diciendo, mencionamos a un niño en tratamiento que se rehusó durante mucho tiempo a contar lo ocurrido, cuando estando a cargo de uno de sus progenitores, éste hizo un episodio psicótico con manifestaciones francamente desajustadas. La tolerancia y la escucha del terapeuta, su implicación en el tratamiento, permitió un trabajo de ligazón de montos de angustia extremos, que se expresaban de diferentes modos. El difícil posicionamiento del terapeuta en este caso, pasaba por la tensión interna entre respetar el rehusamiento del niño a poner en palabras estos hechos y el “deber ser” incorporado en la formación, que remitía a poner en palabras e interpretar acerca de los hechos traumáticos vividos. A largo plazo se pudo ver que respetar este silencio era entender que este niño no tenía palabras que dieran cuenta de lo vivido, precisamente por lo excesivo de las vivencias.

Tomar esta perspectiva implica considerar lo que el traumatismo tiene de “rompimiento”, de efracción. De atravesar o agujerear la membrana psíquica, de ir más allá del límite del yo.

Podemos pensar que lo que el trauma tiene de anulación masiva de los límites del yo, el contrainvestimiento masivo lo tiene de intento desesperado de restablecer de los límites perdidos, y de autopreservación.

Por eso asistimos en este tipo de situaciones a presentaciones clínicas empobrecidas, que pueden aparentar depresiones, que pueden confundirse con procesos de duelo, cuando en realidad, no se trata de tramitaciones de una pérdida, sino de un intento desesperado de mantener la cohesión yoica y la propia vida.

Hemos visto este tipo de presentaciones en pacientes que, habiendo atravesado situaciones traumáticas extremas, mantienen una existencia posterior lejana a los rasgos de personalidad y al funcionamiento que los caracterizaba en los tiempos previos al trauma. Ejemplo de ello fue un paciente que al salir de la prisión mantuvo una convivencia familiar en absoluto silencio. La ausencia de palabra constituía un motivo de angustia para su familia, que lograba una comunicación con él solamente en torno a los aspectos básicos de la existencia. Tuvo que pasar mucho tiempo para que las personas cercanas supieran que, lo que estaba en el fondo de este mutismo, era la delación durante la prisión. Sin embargo, este “decir”, tan demandado desde los otros, determinó un final suicida.

Para terminar diremos que consideramos que es parte de la actitud ética del analista, el dar lugar a que sea el paciente quien realice la articulación posible entre su historia real y el relato historizante de la misma. Así como es parte de esa misma ética, el trabajar con la tolerancia propia ante el dolor y el sufrimiento del otro, sin pretender incidir en su rápida o inmediata supresión.

Referências

Bleichmar, S. (1984). En los orígenes del sujeto psíquico. Del mito a la historia. Buenos Aires: Amorrortu.

Bleichmar, S. (2010). La fundación de lo inconsciente. Buenos Aires: Amorrortu.

Bleichmar, S. (2005). La subjetividad en riesgo. Buenos Aires: Topía Editorial.

Bleichmar, S. (2009). El desmantelamiento de la subjetividad. Estallido del yo. Buenos Aires: Topía Editorial.

Bleichmar, S. (2010). Psicoanálisis extramuros. Puesta a prueba frente a lo traumático. Buenos Aires: Editorial Entre Ideas.

Laplanche, J. (2001). Nuevos fundamentos para el psicoanálisis. La seducción originaria. Buenos Aires: Amorrortu.

[1] Especialista en Psicoterapia Psicoanalítica. Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica. (AUDEPP). Ex docente de Psicodiagnóstico Clínico de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica del Uruguay. Docente Seminario de Formación Continua de AUDEPP: Constitución del psiquismo-neogénesis: Aportes de Silvia Bleichmar a la clínica actual. Integrante de la comisión Científica de AUDEPP. Email: magdalena.lema@gmail.com Montevideo. Uruguay.

[2] Licenciada en Psicología. Socio habilitante y supervisor de AUDEPP. Docente Seminario de Formación Continua de AUDEPP: Constitución del psiquismo-neogénesis: Aportes de Silvia Bleichmar a la clínica actual. Coordinadora de la comisión Científica de AUDEPP. Secretaria de la Comisión Directiva de AUDEPP. Email: silviatejeria@gmail.com Montevideo. Uruguay.

[3] Seminario de Formación Continua de AUDEPP: Constitución del psiquismo – neogénesis: Aportes de Silvia Bleichmar a la clínica actual.