UN RETO AL PSICOANÁLISIS: LA CONSTRUCCIÓN DE UN OTRO CON OTROS Um desafio para a psicanálise: construção de um Outro com os outros

Sheila Asteggiante[1]

Marianella Lorenzo[2]

“El narcisismo terciario es un narcisismo
que ese entrega sin espera reciprocidad,
en un accionar que supera el interés personal.
Deriva naturalmente en un quehacer de compromiso y solidaridad”.
(Alizade, M.).

“La subjetividad humana no es autonomía o autoafirmación,
sino que significa sujeción al otro, quien,
(…) me singulariza al asignarme la irrenunciable tarea infinita de socorrerme”
(Levinas, E.).

 

En el presente artículo se aborda el entramado entre los aspectos narcisísticos de la cultura y la sociedad del espectáculo en una sociedad etológica. Para comenzar el análisis haremos referencia a Alizade quien distingue siguiendo la teorización freudiana – narcisismo primario, narcisismo secundario – un narcisismo terciario del que afirma que “se abre a lo ajeno y a lo lejano, difunde, se dispersa, se extiende. Como si los espejismos narcisistas se disolvieran o como si por la hendija de un espejo ahora roto se vislumbrara lo otro, el Mundo, los seres que lo habitan, las especies, el cosmos” (Alizade, 1995, p. 101). Así como el narcisismo primario remite a la figura cerrada el narcisismo terciario remite a una figura abierta que implicaría la presencia del otro, esto es, la apretura a otros aceptando la diferencia. Esta autora señala que “algunos observables clínico son: sentimientos de solidaridad y responsabilidad, libertad interior y creatividad, mayor aceptación de la transitoriedad de la vida y de sus no siempre agradables peripecias, y control de la destructividad” (Alizade, 1995, p. 102). Sostenemos que estas teorizaciones se están desvaneciendo,  resquebrajándose por el dominio de lo asimbólico y lo tanático.

La tesis que sustentamos versa en el deslizamiento de lo simbólico a lo asimbólico donde la cultura mass mediática juega un papel fundamental. Recordemos que el hombre es un ser simbólico desde un punto de vista antropológico, de modo que, “sin el símbolo el ser humano anda a la deriva, no tiene donde agarrarse y acaba en el “vacío existencial” (Mélich, 1996, p. 67). Este fenómeno conlleva cambios profundos en la construcción de la subjetividad, se percibe un sujeto en el cual de desdibuja su singularidad en una subjetividad colectiva pero sin lazo.

Donde muchas veces el objeto de deseo se muestra indiferenciado. Se presencia una cultura donde los mass media y el ciber mundo atraviesan el existir del sujeto. Una suerte de cultura que cultiva lo lleno, lo completo, de tal modo que la falta inherente al sujeto se ve desmentida, sustituida por una vivencia de inmediatas y aceleradas formas diversas de lo lleno que son efímeras y fugaces. Vislumbrando al vacio abismal y emergiendo las manifestaciones de la angustia y el conflicto fenoménicamente  nuevas. Como lo describe Núñez, “el asunto ahora es que ya no solamente tengo derecho a divertirme sino que tengo la obligación de divertirme o de ser divertido. El trabajo, la educación, los negocios, el amor, las relaciones familiares, la militancia politica o lo que sea deben ser divertidos. Todos somos duendecitos que hacen diabluras y se divierten –aunque esa diversión sea endogámica y narcisista, no tenga otro destino que sí misma y no germine absolutamente nada nuevo” (Núñez, 2014, p. 40)[3]. Siguiendo en esta línea este autor describe la denominada sociedad etológica como aquella que “no procede por legitimación sino por aceptación asimbólica y ritual. (…) Solamente contagio, recursividad y asimilación. (…) Es la lógica contagiosa de la manada. En la sociedad etológica la subjetividad (la relación autoreflexiva del sujeto consigo mismo) cae en identidad (la marca, el tatuaje, el estigma, el orgullo). Pero la identidad a su vez tiende a caer en la identidad instantánea del look (la pose)” (Núñez, 2008, p. 73).

En el entramado de los aspectos narcisísticos de la cultura, la sociedad del espectáculo en la sociedad etológica que atraviesa la subjetividad es que constatamos el debilitamiento de las manifestaciones del narcisismo terciario. A su vez, este entramado se instala con un predominio del narcisismo primario. Así, “Las nociones de performances, happening, gesto u objeto artístico. El desplazamiento del arte o de la estética desde lo bello a lo interesante, la sustitución de la Idea por el evento. La aparición de la panestética. La abolición de las clasificaciones verticales. La habilitación de las distintas formas de la cultura popular, ya indiferenciable de la cultura de masas. En fin. Todo parece componer un vertiginoso e incesante revoloteo perifrástico alrededor de un objeto glorioso y real. “Un objeto único que es todos y cada uno de los objetos a condición de ser brutalmente asimbólico” (Núñez, 2006, p. 71).

Cuando sostenemos el predominio del narcisismo primario observamos que conlleva una trasformación en lo espacial y temporal; Inclusive se percibe una predominancia de lo espacial sobre la temporalidad histórica, “de lo superficial sobre las sensibilidades profundas, de la velocidad y lo inmediato sobre todo proyecto temporal, es a la vez un carácter hegemónico de la cultura urbana y del funcionamiento subjetivo de los individuos. (…) la perdida de las referencias temporales que enhebran y dan consistencia a la identidad individual lleva necesariamente a una liberación y dominancia de los efectos de la pulsión de muerte: narcisismo de muerte, aislamiento, egoísmo, agresividad, ritualización de lo cotidiano” (Galende,  1997, p. 225) Específicamente en relación al tiempo como menciona Sarlo “No hay tiempo para ningún hecho cuyo carácter de interesante no se revele en la primera frase. La belleza de la modelo o el valor de la noticia deben imponerse de un solo golpe de vista, para evitar el tedio, la discusión, el zapping, la vuelta de página” (Sarlo, 1996, p. 120).

Nos hallamos en un presente donde se experimenta la vivencia de la contingencia, de la incertidumbre y del desconcierto. Donde no hay lugar para la espera, que implica la simbolización. La angustia debe ser evacuada en vivencias efímeras y fugaces. Asistimos a una tensión constante entre aspectos muy primarios de la estructuración del sujeto y las exigencias del presente que habita, donde tiene lugar el entramado entre los aspectos narcisísticos de la cultura y la sociedad del espectáculo en una sociedad etológica.

De ahí que podemos observar como  “lo virtual que introduce la imagen, no es otra cosa que inducir en el individuo significaciones que no tienen necesariamente referentes en la realidad. Es decir que todo puede ser posible de imaginar en la realidad virtual de una pantalla” (Galende,  1997, p. 239).  Así el superyó social a que alude Freud en El malestar en la cultura se ha tornado en un poder anónimo, controlador sostenido en un espacio virtual que lleva a que el sujeto actúe de modo irreflexivo de frente a las exigencias del “mercado”. En una suerte de mimetización instantánea, con escasa simbolización, muchas veces en pasajes al acto.

También se destaca que más allá de la globalización existen diferencias significativas en cómo se abordan los hechos. Fondo y figura son cambiantes según las políticas de turno tanto mundiales como regionales, lo cual trae aparejado diferentes formas de vivenciarlas. Se sostiene que los retos para el psicoanálisis en la actualidad son múltiples y demandan una respuesta urgente. Puesto que nuestro analizando habita en este contexto complejo y contradictorio nos convoca a plantearnos el espacio analítico donde pensar al otro desde el lugar del otro para acompañarlo a descubrir que su ser tiene que ver con otro. Y esto urge dado que asistimos a una sociedad etológica que “no socializa a la gente por educación y subjetivación sino por pertenencia, disciplina y comunicación. Etológicamente, ser es pertenecer: al grupo, a la minoría, a la comunidad, a la tribu, a la manada, a la mara. La sociedad etológica es una sociedad comunicante pero no significante, la comunicación es la contrafigura del sentido: el grado infinito de la comunicación es el grado muerto del sentido” (Núñez, 2008, p. 69).

La sociedad, entonces, tiende a diluirse en una hipermodernidad que reniega del dolor y hace “como si” o funciona manteniendo la ilusión de que todo está o estará bien a la brevedad. Se desmiente que han aumentado las diversas formas de violencia, de terror y miedos para el sujeto; al que encontramos hoy más sólo que nunca, la disolución del lazo social que se despliega, se instituye y extiende, torna al otro cada vez más en objeto-cosa, no hay relación de objeto del otro en tanto otro.

Frente a este escenario evocamos las reflexiones de Levinas quien propone la necesidad de tener en cuenta al otro, lo cual implica aceptar al otro como diferente y dejar de ser sí mismo en la soledad. “El rostro me pide y me ordena. Su significación es una orden significada. Matizo que si el rostro significa una orden dirigida a mí, no es de la manera en que un signo cualquiera significa su significado; esa orden es la significancia misma del rostro”[4] (Levinas, 1982, p. 92)[5].

“Es interesante observar que también la respuesta de Levinas a estas objeciones parece profundamente guiada por la desconfianza respecto a las posibles consecuencias de la conciliación con el otro. Sólo la exterioridad y la división, la heterogeneidad de los seres y el carácter secundario de toda totalización garantizan la originariedad de la llamada del otro” (Samoná, 2005, p. 95). Esto es, sólo el reconocimiento de lo heterogéneo, de la diferencia, ha de llevarme a mí mismo e ir más allá. “El sentido de la relación viene justamente buscado en la suspensión del Sí mismo, en aquello que Levinas denomina  “lo mejor de la proximidad”, para indicar la decisión en pro del bien, o sea del otro que se coloca por encima de lo mismo, en pro de la separación, y no del indiferente impulso a la apropiación” (Samoná, 2005, p. 96). Consideramos la relevancia de estas reflexiones de Levinas en tanto las proyectamos hacia la instalación del otro y desde ahí construir un colectivo.

 

A modo de cierre

Coincidimos con Lea Lubianca Thormann cuando propone tres niveles de escucha/funcionamiento del analista.

Ética – preservación de la capacidad de pensar con relativa independencia, sin preocuparse en coleccionar teorías y/o reproducirlas- yo diría un analista no-colonizado. Estética – que nos habilita, desde una capacidad negativa, ser capaz de no saber, de imaginar, sorprenderse, de operar transformaciones. Lo que se traduce en la posibilidad de transformar las experiencias emocionales a partir del contacto con su propio desamparo, vulnerabilidad  e incompletud. (…) Técnica – posibilidad de crear en la transitoriedad articulando distintos modelos de pensar la clínica.

 

Consideramos la urgencia de reflexionar y re interrogar nuestras prácticas para intervenir  saludablemente de forma tal de apropiarnos de los aspectos más tróficos de lo humano que instalándose en el ámbito analítico y desde allí se desplieguen en la cotidianeidad. “Para ello, la sublimación presta su auxilio” (Freud, 1930, p. 79). No creemos en fórmulas predeterminadas, sí, en un cuerpo reflexivo que habilite pensar cada singularidad, sosteniendo una ética que posibilite el encuentro con el otro.

Referências

 

Alizade, M. (1995). Clínica con la muerte. Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S. (1930). El malestar en la cultura. Obras completas (Vol. 21). Buenos Aires: Amorrortu.

Galende,  E. (1997). De un horizonte incierto. Buenos Aires: Paidós.

Levinas, E. (1982). Ética e infinito. Madrid: La balsa de la medusa. Visor.

Levinas, E. (1984). La souffrance inutile. En Les Cahiers de la nuit Surveillée. Paris: Verdier, p. 331, n. 3.

Thormann, L. L. (2015). Por una ética, una estética y una técnica de la escucha Psicoanalítica. Ponencia presentada en el VIII Congreso de Asociaciones Latinoamericano de Psicoterapia Psicoanalítica y Psicoanálisis.

Mélich, J.-C. (1996). Antropología simbólica y acción educativa. Buenos Aires: Paidós.

Núñez, S. (2006). Disney Word. Montevideo: Lapsus.

Núñez, S. (2008). El miedo es el mensaje. Montevideo: Amuleto.

Núñez, S. (2014). Breve diccionario para tiempos estúpidos. Montevideo: Criatura.

Samoná, L. (2005). Diferencia y alteridad. Madrid: Acal.

Sarlo, B. (1996). Instantáneas. Medio ciudad y costumbres en el fin de siglo. Argentina: Ariel.

[1] Saldanha Da Gama 3915, apto.137. C. P. 11300. Montevideo. Uruguay. ++598 2 628 10 04. Licenciada en Psicología, egresada de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República. (UDELAR). Psicoterapeuta Psicoanalítico Habilitante y Supervisor de la Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica (AUDEPP). Egresada del Instituto de Profesores “Artigas” en Filosofía. Prof. de Psicología y Didáctica de la Especialidad Filosofía del IPA. Miembro de la Federación Uruguaya de Psicoterapia (FUPSI). Miembro de la Federación Latinoamericana de Psicoterapia (FLP). Miembro de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Psicoterapia Psicoanalítica y psicoanálisis. (FLAPPSIP). Email: sasteggiante@adinet.com.uy.

[2] Diego Lamas 1585. C. P. 11600. Montevideo. Uruguay. ++598 2 707 12 79.Licenciada en Psicología egresada de la Universidad de la República. (UDELAR). Psicoterapeuta Psicoanalítica Habilitante y Supervisor de la Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica (AUDEPP). Profesora de Filosofía egresada del Instituto de Profesores “Artigas” (IPA). Docente de Didáctica de la Especialidad Filosofía en dicho Instituto. Miembro de la Federación Uruguaya de Psicoterapia. (FUPSI). Miembro de la Federación Latinoamericana de Psicoterapia (FLP). Miembro de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Psicoterapia Psicoanalítica y psicoanálisis. (FLAPPSIP). E-mail: seoanej@hotmail.com

[3] “El turista afectado por una especie de voracidad sensorial, de ansiedad y de miedo de perderse algo, asistido entonces por prótesis tecnológicas de registro, el turista convierte inmediatamente a todo el mundo que lo rodea en un museo o en un espectáculo. Y el mundo, interesado en lo que él gasta y consume se convierte inmediatamente en una enorme empresa prestadora de servicios. (alojamiento, comida, espectáculo, diversión, chirimbolos y souvenir)” (Núñez, 2014, p. 134).

[4] “Significancia, esto es, apertura, donación, inicio inapropiable o irrecuperable (an-árquico), de todo sentido”. (N. del T)

[5] “Él cree ver apuntar recursos teóricos para llevar a cabo una “ruptura de la totalidad” que en algunos filósofo que, en otros respectos, no dejan de representar posiciones emblemáticas de una filosofía en la que domina el movimiento de reducción del otro a lo idéntico o, como se ha dicho antes, de totalización” (…) Levinas ve la expresión que ilumina el deseo metafísico, dirigido no al goce o a la plena realización de si, sino a lo “absolutamente otro” (Samoná, 2005, p. 95).